Estamos en unas fechas propicias para reflexionar sobre los regalos, los juguetes, los niños y niñas, lo que es jugar, y el papel que desempeñan los papás y mamás en este tema.

Un regalo es una muestra de afecto hacia otra persona, es acordarnos de lo que le hace feliz o le hace ilusión y somos capaces de buscarlo para ofrecérselo y dibujar una maravillosa sonrisa en su rostro, que nos llena a nosotros, de placer.

Sin embargo, un juguete no es un regalo.

Un juguete es un medio para ayudar al niño o niña, a crecer, a aprender, a desarrollarse felizmente. El juego, jugar, es otra de las maneras que poseen los niños para aprender. Una, la más inmediata al nacimiento, no es jugar (todavía) sino sentir. Sentir dos emociones básicas, que son el placer y la ausencia de placer, para aprender del entorno, para interactuar con el medio en el que está ese bebé. Son las emociones armoniosas, ese entorno saludable a nivel emocional, quienes permiten al bebé aprender a integrarse al mundo que lo ha recibido. Y años más tarde, es también un ambiente familiar emocionalmente armonioso quien permite que la inteligencia que posee ese niño o niña, pueda desarrollarse y llegar a su máxima expresión.

JUGAR

Jugar quiere decir que el niño o niña, experimenta el mundo que le rodea, prueba, repite, imita… a partir de su mundo interior. No es el exterior quien influye al niño pequeño. El juego ocurre de adentro hacia afuera. El niño ha de jugar mucho tiempo al día y ha de jugar solo, porque su mundo interno solo le pertenece a él y no lo puede compartir. El juego desarrolla su imaginación, su creatividad, habilidades y destrezas, el lenguaje, el pensamiento, incluso los valores.

Esto no significa que no le sea favorable, compartir actividades con los padres o con otros adultos  (y en ocasiones con otros niños), por supuesto. Pero hacer cosas juntos, o jugar a algo o con algo, no es exactamente el juego del que hablaba un poco más arriba. Esa interacción es un gran aprendizaje también, pero en otros aspectos, como la comunicación, la interrelación, aprender a esperar turno, aprender a que otro asimismo imponga la dirección del juego, adaptarse, tolerar frustraciones, escuchar…

MENOS ES MÁS

En múltiples ocasiones, esta máxima es verdadera. Con los juguetes, también. Claro que los juguetes son imprescindibles para el mejor desarrollo del niño, pero no a más cantidad ocurre más desarrollo. Es más, en los primeros años, los elementos para jugar son más importantes que los juguetes para jugar. Estos elementos son objetos que no están destinados específicamente para jugar, pero que sirven para el juego del niño o niña, porque son sencillos. Me refiero a bloques de madera, cuadrados, rectangulares, de color madera. Para ser manipulados una y otra vez por el niño que va aprendiendo texturas, peso, volumen, equilibrio… pero de un modo experiencial, para nada cognitivo. Son telas de diferentes texturas, cucharillas, tapones…

Un poco más tarde, pero pueden solaparse a estos elementos, podemos introducir juguetes, es decir objetos, pensados concretamente para cumplir una misión educativa: aprender colores, aprender a coordinar la mano y el ojo, aprender tamaños, etc. Conforme va creciendo el niño o la niña, los juguetes se van haciendo más complejos. No en su funcionamiento o manipulación, sino en su objetivo educativo.

PEDAGOGIAS ALTERNATIVAS

En este punto quiero mencionar dos escuelas históricamente muy significativas en pedagogía, que sin embargo no han conseguido un impacto global en la educación.

Me refiero a la Escuela Montessori y a la Escuela Waldorf.

Este artículo que enlazo explica muy bien las diferencias y semejanzas entre ambas corrientes pedagógicas, te recomiendo que lo leas, te va a servir mucho.

En esencia, la Escuela Montessori promueve una educación dirigida por los niños. La Escuela Waldorf centra la educación en las necesidades que los niños van teniendo a lo largo de su crecimiento. Ambas tienen pros y contras (¡anda como todo!) pero plantean a los niños y niñas desde una perspectiva diferente a la corriente o tradicional, que tienen incluso diferentes culturas. Esta visión de la infancia proporciona una guía extraordinaria para aplicar la pedagogía, no solo de los contenidos escolares sino de los procesos de la vida y de los valores y la ética.

ENTONCES ¿QUÉ LE REGALO A MI HIJO O HIJA?

Primero, investiga qué función tienen los juguetes para la edad de tu nene o nena. Observa cuál te hace sentir que es más apropiado. Haz listas, pregunta a otras mamás. Segundo, observa a tu hijo o hija: que destrezas le vas viendo, con qué acciones se ríe o se divierte más, con cuáles aprende mejor… puedes hacer memoria y recordar qué juegos y juguetes usabas tú de pequeña, cuáles te divertían más o te hacían pasar horas y horas jugando.

Un juguete es un instrumento que ayuda al niño y niña a desarrollarse y moverse con soltura por el mundo. Un niño juega de adentro hacia afuera, tiene un mundo interior que no puede compartir y es donde experimenta todo. Necesita juguetes pero sobre todo necesita jugar.

Y además, querida madre (o padre) observa, prueba, comprueba y concluye. Es decir, que compres un juguete y observes que provoca en tu hijo o hija. Te recomiendo que compres una libreta bonita y anotes los resultados de tus observaciones. Que saques conclusiones de lo que vas probando. No solo te servirá para comprar los juguetes más beneficiosos para tu hijo o hija, sino que te ayudará a conocerlo mucho más profundamente. Y esto en la vida de tu hijo y la tuya sí que resulta extremadamente favorable para ambos.

¿CÓMO JUEGO CON MI HIJO O HIJA?

Te digo: como si fueras la niña que fuiste (o niño), déjate llevar por tu mundo interior también. Deja que fluya la fantasía, la creatividad. Aprovecha para expresar sentimientos con la claridad que permite el juego, o sea, como si

Te darás cuenta de que aunque estés jugando juntas o juntos, el juego se desarrolla para cada uno, teniendo breves instantes de conexión. Esta vuelta a esa infancia tuya te ayudará mucho a comprender a tu niño o niña. Cuando comprendes a otra persona es más fácil aceptar las cosas como son, dejar afuera el enfado, permitir que el otro se exprese libremente. Ahora, ¿te imaginas a tu hijo o hija sintiendo que le comprendes?

Cómo afianza la relación ¿no crees? Cómo os acerca, cómo os hace experimentar intimidad. Estos aspectos promueven la comunicación entre papás e hijas (mamás e hijos), y cuando haya crecido ya mucho, ¿te imaginas pudiendo comunicarte con fluidez, entendimiento, aceptación y comprensión, por las dos partes?

Los problemas con los adolescentes, muchas veces han comenzado una década atrás…