Muchas veces los problemas se resuelven de la forma más sencilla

Quiero hablarte de esos momentos en los que te sientes desolada.

Todo va bien, tus afectos, tu trabajo, tus cosas… pero hay ocasiones en que te asustas. Es una sensación de desasosiego, como la calma que precede a la tormenta. No se te ocurren buenas soluciones a los problemas que tiene ahora mismo el planeta y casi te paraliza, el miedo al mundo que le vas a dejar a tu hijo.

Sientes que contribuyes poco al bienestar común, pero por más que quieres, no te da el tiempo. Te apena que tantos otros niños no puedan estar en la situación ventajosa de tu hijo. Hay ratos en que estás hecha un lío.

Bueno, en primer lugar cada una de nosotras solo puede ocuparse de su parte, se puede llegar hasta donde llegan los brazos, metafóricamente hablando. Así que quítate esa culpabilidad difusa que  ensombrece tus días. 

La mente prodigiosa

Estamos dotadas de un cerebro y una mente prodigiosos, la pega es que lo ignoramos. Y si no tenemos consciencia, de lo que sea, es imposible intervenir sobre ello. Pero llega una fracción de tiempo, pequeña, diminuta, que casi nos pasa desapercibida. Es en esa fracción que podemos tomar consciencia. 

Darnos cuenta de que lo tenemos todo para lograr lo que queremos, es más, el problema mayor no es que falte algo -como valor, arrojo, o medios- sino que lo que pasa es que nos sobran cosas,  y muchas:

  • sobran juicios y críticas en cantidades enormes
  • sobran culpas y remordimientos
  • sobran desmerecimiento y desamor
  • sobran trozos del pasado
  • sobra gente, sobra miedo

Vale. De acuerdo, me dices. Ya me doy cuenta, y ¿ahora qué?

Pues ahora es cuando hay que ponerse manos a la obra. Buscar hasta encontrar, las soluciones que necesitamos. Tanto en nuestra esfera de vida, como en la esfera social, de contribuir a un bien común.

No sé si llegas a imaginarte ahora mismo, la sensación tan asombrosa de sentirte liberada, libre, capaz de hacer lo sea necesario -siempre dentro  de la ética universal- para alinearte contigo misma y proceder a la búsqueda de lo que te haga moverte, saltar de la silla, alegrarte y ver todo lo bueno que te está sucediendo,

Ahora te digo las 3 cosas que te prometía en el título:

  • Decídete a hacer algo diferente
  • Deja de ser permisiva contigo misma
  • Olvida hacer caso a tus contradicciones internas

Cuando haces estas tres cosas, que no hace falta que sean todas a la vez -o sí, como prefieras-, y las haces con constancia (tampoco hace falta que sea una nueva obligación diaria, sentida así como obligación) algo empieza a transformarse.

Hacer algo diferente

  • cepíllate los dientes con la otra mano
  • empieza a vestirte al revés de como lo haces todos los días
  • Baja las escaleras a la pata coja
  • en vez de criticarte, échate un piropo

Deja de ser permisiva contigo

  • niégate a dejar inacabado eso que estás haciendo
  • busca coraje y haz esa llamada que te agobia
  • cuando te mires al espejo, mírate a ti, a tus ojos y guíate amorosamente a verte con buenos ojos
  • configura tu móvil para que se apague unas horas y dejes de estar enganchada a las redes sociales

Deja de hacer caso a tus contradicciones internas

  • vuélvete sorda a esas dudas y di todo está bien, todo pasa y yo encuentro la armonía y las soluciones que necesito (este es el sentido, tú usa tus propias palabras)
  • enfócate en que algo maravilloso te está sucediendo ahora mismo y descubre qué es
  • siente gratitud por algo bueno que te ha pasado
  • imagina lo mejor para ti y espera lo mejor para ti

Si quieres más ayuda, más ideas, más apoyo, date la oportunidad y apúntate al Reto 7 Noches porque ahí vas a encontrar más herramientas para avanzar en esa decisión prioritario de ayudarte a ti misma.

¡Te veo dentro!